Conociendo la vida de Santa María Madre de Dios

Juan es un cura maduro, ya entrando en años. Me dice que en su mesa de trabajo tenía una fotografía de la imagen de la Virgen de su Colegio. Le parecía bella con su corona de estrellas, con sus rasgos delicados, con sus ojos dulces, con su rostro «divino». Su cabello (estaba en «blanco y negro» pero era «rubia») le caía artísticamente sobre los hombros. Vestía túnica de lino y sus finas manos apretaban sobre el pecho los pliegues de su manto de púrpura. Muchos años le acompañó esa imagen. Se sentía protegido por ella; para todo acudía a la Virgen, sobre todo antes cuando era muchacho.

Y María le ayudaba a elevarse sobre lo terreno, a sublimarlo. Hace ya algún tiempo que Juan retiró de su mesa esa imagen. Se siente mal ante ella y con ella. Ahora anda buscando una buena imagen de María, una imagen que sea más fiel reflejo de María de Nazaret, mujer de pueblo, madre de Jesús, el Cristo

¿A qué «señora» corresponde la imagen de María que tenía Juan?

¿Qué imagen de la Virgen te gusta más a ti? ¿Por qué?

¿Cómo se da de hecho en ti, en tu comunidad, la devoción a la Virgen María?

¿Qué rasgos tiene esa devoción? ¿A qué cosas dan Uds. más importancia en ella?

¿Hemos pasado de un «divinizar» a María a un «olvidar» a María?

¿Qué rasgos tiene ese «divinizar»? ¿Y ese «olvidar»?

¿Por qué se ha dado ese paso?

¿Lo del cura Juan es un «olvidar» a María?

Vamos a ver qué pensaban las primeras comunidades cristianas de la Virgen María.

Lo que el Nuevo Testamento (sobre todo Evangelios y Hechos de los Apóstoles) nos dicen sobre María de Nazaret responde a una realidad, está inspirado por Dios, no lo podemos devaluar, ni perder, debe estar en el centro, en la base, tiene que vivificar todo nuestro amor y devoción a María, a la Virgen María que no es otra que María de Nazaret.

1 – QUE DIOS SE HABIA HECHO HOMBRE EN MARIA.

Eso está muy claro para la comunidad: que María es la madre de Jesús de Nazaret, y que este Jesús, y no otro, es el Hijo de Dios que se hizo hombre en María.

Para los primeros cristianos, Dios Padre, por medio del ángel Gabriel, anunció a María, una jovencita en Nazaret, que iba a ser la Madre de su Hijo.

Se presentó Gabriel a María y le dijo:  «Alégrate tú, la Amada y favorecida, el Señor está contigo. Ella se turbó al oír esta palabras, preguntándose qué saludo era aquel. El ángel le dijo: Tranquilízate, María, que Dios te ha concedido su favor. Pues, mira, vas a concebir, darás a luz un hijo y le pondrás de nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo y el Señor Dios le dará el trono de David su antepasado; reinará para siempre en la casa de Jacob y su reinado no tendrá fin. María le dijo al ángel: ¿Cómo sucederá eso si no vivo con un hombre? El ángel le contestó: El Espíritu Santo bajará sobre ti y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra: por eso al que va a nacer lo llamarán «Consagrado», Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel: a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y la que decían que era estéril está ya de seis meses; porque para Dios no hay nada imposible. María contestó: Aquí está la esclava del Señor, cúmplase en mí lo que has dicho. Y el ángel le dejó». (Lc. 1, 28-38)