LA ACOGIDA

CONGREGACIÓN SIERVAS DE LA MADRE DE DIOS
LA ACOGIDA

ACOGER: Abrirle espacio a mi prójimo. No se trata del espacio físico solamente; es abrir la mente y el corazón, para que el otro se sienta bien, física, moralmente y espiritualmente.
El que acoge pierde algo de si, dejar de lado el egoísmo, la comodidad y prejuicios personales, para ganar algo del prójimo.
Toda la vida de Jesús está impregnada de este valor puesto que no discriminó a nadie. Corrigió con amor y abrió su corazón, perdonando a sus mismos enemigos y a quienes lo crucificaron.
“El que acoge este niño en mi nombre, me acoge a mí, y el que me acoge a mí, acoge al que me envió”. (Lc. 9, 48). Jesús nos acoge a todos por igual, sin condicionamientos: nos acepta tal como somos.
“Tuve hambre y me diste de comer; tuve sed y me diste de beber; estaba desnudo y me vestiste; en la cárcel y me visitaste…” (Mt. 25, 35). La acogida no es iniciativa propia sino un mandato divino. Al final de nuestros días seremos juzgados en el amor.
Os aseguro que el que reciba al que me envió, a mí me recibe” (Jn. 13, 20). Al aceptar al prójimo aceptamos a Dios presente en él.
“En la casa de mi Padre hay sitio para todos” (Jn. 14, 2). Nadie es tan pobre que no tenga nada qué ofrecer, ni tan rico que no necesite de nada ni de nadie. Dios es inmensamente generoso con todos.
Acoger la Palabra de Dios
La Palabra de Dios se acoge, haciendo el transplante de Evangelio que consiste en: llevar la palabra de los ojos a la mente, de la mente al corazón y del corazón a la vida, con la aceptación de la voluntad de Dios en los acontecimientos y situaciones diarias. La Palabra nos libera y nos hace libres y felices.
Se vive:
Acogiendo a los pequeños con ternura.
Saludando con amabilidad y sencillez.
Ofreciendo ayuda a quien la necesita.
Mostrándome acogedora con profesores, estudiantes y empleados.